LA SOLEDAD DEL DESEMPLEADO

La soledad del desempleado es algo que nadie puede entender hasta que no lo ha vivido en sus propias carnes. Esa soledad del día a día detrás de un ordenador dejando CV a través de la autocandidatura, inscribiéndose en portales de empleo donde cada día buscas ansioso una oportunidad que le haga salir de este calvario que le machaca cada día como el tictac de las horas pasar. Ese mirar una y otras vez las candidaturas donde te has inscrito, y que a veces, muchas veces, te descartan sin ni siquiera haberte dado la oportunidad a defenderte en una entrevista.

Ella está ahí. Nadie la ve. Nadie la percibe. Pero ella se mueve sigilosa atrapando a quien menos lo espera.

Pero la soledad no tiene nombre porque cualquiera puede ser nominado a sumergirse en un laberinto del que se sabe cuando se entra pero no cuando se sale.

Es una soledad distinta. Silenciosa. Pausada. Callada entre unos ojos melancólicos y llenos de preguntas sin respuesta aparente. Y el tiempo pasa sigiloso por sus manos haciendo mella en su piel sentenciando un silencio que grita una oportunidad para dar todo de sí: Si supieran de mí…

Sólo la sonrisa de un niño puede hacerle olvidar la dureza del día a día, pendiente de una llamada que nunca llega…Es la soledad de querer y no alcanzar esa luz que le haga brillar.

Más los días pasan, y la soledad del desempleado se anquilosa en sus entrañas para desgarrarse entre lágrimas en el silencio de la noche.

Hay días en que la mañana te hace cargarte de energía para luchar contra la soledad, contra el desánimo, contra la dureza de la realidad y te quieres comer el mundo. Eres imparable y nadie puede contigo…Pero hay días que la desgana te atrapa, la sinrazón, y el desánimo te puede…Días y días…meses y meses…años y años…

Y un día, sin saber por qué, el teléfono suena. ¡¡Bien!! Alguien se ha interesado por mí. Una nueva ilusión. Ya sé que sólo es una entrevista pero tengo que hacerlo estupendamente. Tengo que ponerme mi mejor sonrisa, mi mejor actitud. Tengo que venderme como el tesoro más preciado por la otra persona. ¿Le gustaré? ¿Me gustará lo que me propone?

Pero la soledad del desempleado está atrapada en su corazón y sólo podrá desaparecer cuando la oportunidad de demostrar todo lo que sabe llegue…Y llegará porque nunca dejará de estar atento a cualquier oferta de empleo que aparezca. Nunca se sabe donde la oportunidad puede estar.

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